Vender un agente de inteligencia artificial: el contrato que casi nadie está firmando
No es un software, no es un servicio y no es una consultoría. Es las tres cosas a la vez, y por eso los formatos de siempre se quedan cortos justo donde duele.
Por el equipo de Lexy · Contratos y tecnología ·
Un agente de inteligencia artificial no encaja en ninguna de las casillas contractuales que veníamos usando. No es una licencia de software, porque el comportamiento cambia sin que nadie toque el código. No es un servicio profesional, porque no hay una persona detrás de cada respuesta. Y no es un producto, porque no se entrega y se acaba.
El resultado previsible: contratos copiados de una plantilla de desarrollo de software, firmados para vender algo que se comporta de otra manera. Estas son las cláusulas donde eso se nota.
1. El objeto: ¿qué se está vendiendo exactamente?
La primera pregunta es si se vende una herramienta o un resultado. No es lo mismo entregar un agente que responde consultas que comprometerse a que las responda bien. Lo primero es una obligación de medio; lo segundo, de resultado, y arrastra un régimen de responsabilidad completamente distinto.
«El proveedor entregará un agente configurado para atender consultas de primer nivel» y «el proveedor garantiza la resolución del 80 % de las consultas de primer nivel» son dos contratos distintos con el mismo precio. Solo uno de los dos se puede incumplir por una respuesta mala.
2. Quién es dueño de qué
Aquí hay al menos cuatro capas y cada una tiene dueño distinto:
- El modelo base. No es de nadie de los dos: es de un tercero, y se usa bajo sus condiciones.
- La configuración, los prompts y la lógica del agente. Esto sí lo construyó el proveedor, y es lo que de verdad se vende.
- Los datos que aporta el cliente. Siguen siendo del cliente, siempre, y con más razón si son datos personales.
- Las salidas que genera el agente. La capa más resbaladiza, y la que casi ningún contrato resuelve.
Sobre las salidas conviene ser claro: el derecho de autor colombiano protege obras de creación humana. Un texto generado íntegramente por una máquina difícilmente califica como obra protegible por sí solo, lo que no impide que el contrato asigne su uso, su explotación y su exclusividad entre las partes. Una cosa es la titularidad frente al mundo y otra el reparto entre quienes firman.
3. Datos personales: el capítulo que no es opcional
Si el agente procesa datos personales —y casi todos lo hacen—, entra la Ley 1581 de 2012. El contrato tiene que decir quién es responsable del tratamiento y quién es encargado, para qué finalidad se autorizó, qué pasa con la información al terminar y si hay transferencia internacional, porque los modelos suelen ejecutarse fuera del país.
Un punto que se olvida: usar los datos del cliente para mejorar el agente es una finalidad distinta de prestarle el servicio. Si no está autorizada, no se puede, por mucho que el contrato la mencione de pasada. Está desarrollado en protección de datos y compliance.
4. Qué pasa cuando el agente se equivoca
Se va a equivocar. La pregunta contractual no es si ocurre sino quién responde, hasta qué monto y con qué excepciones. Tres piezas que no pueden faltar:
| Pieza | Qué debe decir |
|---|---|
| Supervisión humana | Qué decisiones no puede tomar el agente solo. Si el contrato no lo dice, el proveedor está respondiendo por todas |
| Límite de responsabilidad | Un tope, normalmente ligado a lo pagado en un periodo, y la exclusión expresa del lucro cesante |
| Uso indebido | El cliente que usa el agente para algo distinto de lo pactado asume ese riesgo. Debe estar escrito |
5. La dependencia de un tercero
El agente corre sobre un modelo que el proveedor no controla. Si ese tercero sube el precio, cambia las condiciones de uso o retira una versión, el contrato tiene que prever qué ocurre: quién asume el sobrecosto, en cuánto tiempo se migra y si el cliente puede terminar sin penalidad. Sin esa cláusula, el proveedor queda atrapado entre un precio fijo y un costo variable que no maneja.
6. La salida
Terminar el contrato debería ser tan claro como empezarlo: en qué formato se devuelven los datos, en cuántos días, qué se borra, qué se conserva por obligación legal y si el cliente se queda con la configuración que pagó. Un contrato sin cláusula de portabilidad convierte una herramienta en una jaula, y eso el cliente lo descubre el día que quiere irse.
Si además hay consumidor. Cuando el agente se ofrece a personas naturales entra la Ley 1480 de 2011, y con ella la garantía legal, el derecho de retracto en ventas a distancia y el control de cláusulas abusivas. Un contrato pensado para empresas no sirve tal cual para consumidores.
Preguntas frecuentes
¿Un contrato de desarrollo de software sirve para vender un agente de IA?
Sirve como punto de partida, pero se queda corto en tres puntos: la propiedad de las salidas que genera el agente, la dependencia de un modelo de un tercero y el reparto de responsabilidad cuando el agente se equivoca. Esos tres capítulos hay que escribirlos aparte.
¿De quién son los textos que genera el agente?
El derecho de autor en Colombia protege creaciones humanas, así que un contenido generado íntegramente por una máquina difícilmente califica como obra protegible por sí solo. Eso no impide que el contrato reparta entre las partes quién puede usarlo, explotarlo y con qué exclusividad.
¿Puedo usar los datos de mi cliente para entrenar o mejorar el agente?
Solo si esa finalidad está autorizada. Prestar el servicio y mejorar el producto son dos finalidades distintas bajo la Ley 1581 de 2012, y la autorización para la primera no cubre la segunda.
¿Debo garantizar un porcentaje de acierto?
Puede hacerlo, pero sepa lo que está firmando: pasa de una obligación de medio a una de resultado, y a partir de ahí una tasa de acierto por debajo de lo pactado es un incumplimiento contractual, no un incidente técnico.
¿Va a vender o a comprar un agente de IA?
Tenemos un modelo de contrato de compraventa de agente de inteligencia artificial, pensado para este escenario y no adaptado de una plantilla de software.
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